De esos tuits que escribo

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Mecanismo

Las poleas se paran cuando empiezas a sentir que das igual.

No sé qué funcionamiento tiene el ser humano pero observando me he dado cuenta de lo grises que nos volvemos cuando dejamos en manos de los demás eso de importar.

No lo niego, yo normalmente casi me muero de no ser prioridad.

Va una buscando amor que le ponga aceite al corazón y el engranaje pueda con todo, hasta con lo más pesado, lo que en ese momento toque por reír o por doler.

Esa manía de pensar que los demás harán por mí lo que yo haría por ellos me pone una soga al cuello sin refuerzo y con unas tijeras a mano para cortarla cuando yo quiero, porque nadie se muere, aunque lo parezca, y es curioso, a mi me parece tan bonita la vida con la idea de dos personas que se cuidan y se hacen sentir importantes que para cuando quiero madurar me doy cuenta de que casi todo el globo terráqueo anda buscando lo mismo y no estoy tan sola en mi pe(n)sar.

Lo niegan, gritan, van de independientes, pero todos buscan una idea parecida para poder sobrellevar eso de respirar.

Ser transparente no puede ser un pecado capital, ser honesta y en continua evolución no puede ser frustrante.

Yo sólo quería aprender a vivir con alguien.

Dar, recibir, ¿de qué sirve si no se valora?

Por qué cuesta tanto que te miren con los ojos con los que te miras. Ah no, no comentéis ahora eso de quiérete, como si aquí nadie en algún momento no hubiese agachado la cabeza, todo el rato nos queremos, es supervivencia, otra cosa es lo mal que lo hacemos y lo poco que nos damos a valer.

Supongo que las sobras están encima de la mesa y toca siempre recoger después.

Es el legado de una humanidad enferma, que descuida y castiga la verdad y da trofeos a quienes lo niegan todo con carteles farsantes.

No hace falta que entendáis nada de lo que digo, he pasado al siguiente nivel de crecer y ya no quiero ser entendida, lo que si necesito es un abrazo constante por dentro, que me haga volver a creer que la vida no trata de aprender a estar cada vez más solos, porque si no no entiendo muy bien para que hemos poblado el mundo si no podemos coger ni una sola herramienta para que todo funcione.

Y ese era el mecanismo que jamás aprendí bien, la vida protegiéndonos todo el rato,

y que mal me formé la coraza pensando que no la necesitaba y podía ser.

Querer lo mancha todo. Porque la vida se pone perdida de ese aceite que nos hace funcionar.

Mi infinito

Cuando me abrazas, siento que ninguna palabra podría hacerse más grande que tú.

Cuando me miras, el paisaje de ahí fuera desaparece como si fueses un mago que con sus manos y su chistera puede hacer lo que quiera conmigo. Hasta hacerme reír y cambiarme los ojos.

Cuando me hablas, me convierto en una sirena totalmente drogada nadando entre delfines queriendo ir a por más.

Cuando me buscas, me emocionas como cuando estoy arriba de una montaña con los pies colgando, respirando aire puro y sonriendo a pleno pulmón.

Cuando me pones a prueba, me mezclas entera y me sacas del amor la paciencia infinita para hacer mi puzzle las veces que tú quieras.

Cuando te ríes vuelo contigo.

Cuando me haces reír con tus travesuras, aquí dentro hay verbena.

Cuando te duermes con tu manita agarrada a la mía, no puedo dormir por si te acabas y repaso tus pestañas.

Soy tu primer amor, y no quiero defraudarte aunque no sé cómo decirte que la vida te va a doler.

Mi pequeño, tienes la piel de la naturaleza en primavera, de la fruta de verano y de paseos en otoño.

Eres un retiro, espiritual y un mar lleno de botellas con mensajes.

Eres el cielo infinito que nadie sabe ver, mi espacio preferido del planeta, mi deuda con el tiempo y mi vestido de arquera.

A veces creo que nuestro parto no fue otra cosa que sacarme el alma.

Te debo tanto, que nunca podré hacerte poemas más altos que tú.

Anda, dime que vas a ir con cuidado por el tiempo y te vas a meter en la nostalgia bien despacio .

Rellena el cuestionario

¿ Por qué estamos tan solos ? ¿Acaso es una condición del ser humano que no logramos asimilar ? ¿Nos amputan los brazos si confesamos?

¿Por qué en la mayoría de casos las batallas se libran dentro? ¿Por eso hay guerras? ¿Porque nos da vergüenza admitir que necesitamos algo mucho más allá de la materia ?

Supongo que nos hemos acostumbrado a que nos oigan, pero no a que nos escuchen, y en esa diferencia abismal está lo que nadie se atreve a decir.

¿Por qué nos tocamos tan poco? ¿ por qué es tan importante defender o defenderse ? Para cuando te das cuenta ya lo has perdido todo.

Gritar no salva, en realidad no salva nada, vamos por la vida con nimiedades haciendo como que no importa. Esperando que llegue el fin de semana para nada, como si se pudiese coger aire de lo externo.

A mi me pasa, que digo que estoy cansada cuando no me salen en realidad las palabras de cómo me siento. El cuerpo lo sabe y cuando está lleno de desesperanza y falta de amor, se duele así mismo y me avisa para que pueda tener una excusa diciendo “estoy cansada”.

¿Conocemos realmente la alegría? Si. Creo que si, aunque no podría afirmarlo del todo después de descubrir que la felicidad sólo es un árbol al que agarrarse porque no hay quien aguante tanto incendio vital.

¿Por qué el miedo a que se desenamoren de ti siempre es unilateral ? Por qué tendemos casi siempre las mujeres a permitir cosas que nos agrian por dentro solo porque se queden un poco más? ¿ para qué?

¿Las preguntas son personas que nos duelen? ¿O son las respuestas?

¿Aprendemos a pensar gracias al sufrimiento ?

¿Y si ya no quiero que me duela nada y me importe nada, estoy realmente más cerca de la vida o de la muerte?

Me quiero. Estoy enamorada de mi. Me abrazaría hasta quedarme dormida. Me escucharía hasta despertar estatuas. Me cogería al vuelo en cada salto. Me dedicaría todas las canciones. Me interesaría todo de mi con ojos de te quiero, por delante y por detrás, como una transparencia. ¿Y entonces?

Nada. Lo externo. Que no para. Que quiere vencerme. Que le da miedo mi amor. Me lo he trabajado mucho, con muchas lágrimas, me he tenido que ver por dentro muchas veces, me he dolido demasiado y he sanado y analizado el subsconsciente como pocos se atreverían. Por eso me he hecho sagrada.

Por eso ya no me toques. Porque desestabilizas mi verdad con tus mentiras. Porque nunca vas a poder quererme como yo me quiero. Porque ya no estoy dispuesta a bajar de nivel.

Y entonces te quieres, y te dejan de querer. ¿ te querían?

A ratos supongo, como la felicidad.

¿Y por qué permitimos que nos roben hasta lo que más nos ha costado conseguir ?

¿ Por qué siempre no existe y vale más un a veces? Hoy no quiero preguntarme nada, responderme sería meterme en la boca del Lobo y en el abismo se conoce gente maravillosa. Tengo miedo. No sé a qué. Supongo que a hacerme cargo de la realidad porque había soñado con justo lo contrario.

¿Quien decide por mí lo qué es la vida, si yo no creo en Dios?

Mi vida es mía y yo decido lo qué es y lo que quiero que sea.

Llevamos años de existencia y nos seguimos haciendo las mismas preguntas. Desde la edad romana, ¿qué estamos haciendo mal?

Volvamos a empezar, ¿por qué nos sentimos tan solos? Por qué leer a Murakami me abraza mil veces más que cualquiera? ¿Por qué mi cabeza construyó lo que había y lo que tenía ?

¿Por qué me he dejado hacer tanto daño siempre?

No hay casillas donde marcar opciones que me aprueben o me suspendan. No es un test al que rendir cuentas de lo que he aprendido en lo que llevo de vida. No es nada, sólo un espacio vacío en una habitación conmigo.

Me acuerdo de los suicidas y me pregunto si este fue uno de sus momentos previos… Trago saliva, les quiero abrazar el frío.

Y marco en verde,

arriba casi en la esquina,

un sobresaliente suspendido.

Porque me hubiese gustado decirles, que si se acababa el amor, se podía ir a por más.

Nadie saca los tanques a la calle

Hay un tipo de dolor que no se cura porque hagas cosas. Y eso es algo que pocos entienden.

Nadie saca los tanques a la calle por alguien con una tristeza para siempre.

Y desde que pasó, y luego pasaron más cosas, la única felicidad que existe es la más triste del mundo.

Aquel juez no me hizo más daño del que me hago yo. Es mi condena. Recordar lo que le respondí a aquella psicóloga, qué harías si perdieras? Volver. Respondí.

Hay un tipo de dolor que nadie ve porque está tan dentro que las rodillas no responden aunque sonrías. Te aíslas del mundo, empieza a gustarte la soledad, los libros que te cuidan y te entienden, los árboles que se mueven contigo, las flores que te sonríen en el suelo, la música que te perdona por soltar, a todas las cosas que no me juzgan por llorar les doy las gracias, son mi hogar.

Me he acostumbrado a guardármelo todo delante de la gente, porque he madurado a base de bofetones suficientes para saber que realmente pocos están. Estés como estés. Nadie saca los tanques a la calle por quien ya es invisible, y la capa es estar siempre.

Pero lo mejor de este puto mundo, son las personas que si que están, del verbo estar, las que hacen poesía no comercial, los que no tienen nunca jamás palabras vacías sino que el contenido se vierte de tal forma que te dejan sin palabras, y entonces sólo quieres reír. Reír y bailar. Porque sabes que cuando termines el baile tropezarás con la mirada triste y seguirán estando. Porque te quieren así, sin tapar, te quieren como eres. No se asustan, no se cansan de ti. No hay magia igual.

Pero en realidad, nadie saca los tanques a la calle. La constancia que me toca es tan efímera que sólo puedo ser yo con quien no me toca. Y así, he aprendido a aislarme. A ser intensamente feliz con unas letras que me entienden.

Y madurar con la realidad, que esa es otra, la poesía no es lo mío, no me parece tan cierta como una víscera que canta después de un parto. Si pudiera matar a la que fui, lo haría.

El camino es un laberinto, del que no puedo salir sin herida mortal, por eso paseo con la mejor sonrisa, tocando los muros,dejándome en ellos la piel, poniendo la oreja, cerrando los ojos. Sintiendo que estoy viva.

Vivir no es ser feliz, para mí nunca lo va a ser ya, demasiado daño, demasiado gente a la que jamás voy a perdonar porque me quiero y me necesito querer todavía más. Demasiada lucha, demasiada desesperanza, demasiado agotamiento, demasiado explicarme… he abierto tantas veces el alma para nada, que con esta nueva piel me siento más cómoda, más muerta, pero más ligera.

Nadie saca los tanques a la calle. Porque quieren que seas feliz para que les contagies y no se tengan que mirar su propia mierda. Yo YA NO tantas cosas que me abrocho el bah de seguridad por mera supervivencia.

Al diablo! Basta! Me grito. Me levanto. Doy lo mejor a quien lo quiere saber todo de mi y libra batallas conmigo y luego hay un pero en la calzada, que se me cae de los bolsillos.

Ahora mismo, después de escribir esto, me siento mucho mejor y me acabo de pillar sonriendo. Y esto es lo que quería contaros. Que no pasa nada. Mi tristeza no os ha matado.

Si todo hubiese servido podría perdonarme, pero qué respondo a los que dicen que así no llegaré a ningún lugar ?

Pues que no tienen ni idea, de lo lejos que se llega viéndote por dentro sin miedo. Hacer mil cosas sólo te distrae pero no te cura, te tapa, por eso está el mundo lleno de cobardes dando consejos y sonriendo en falso.

Nadie saca los tanques a la calle, porque después de soltar, ya no hace falta guerra.

Stripper emocional

Nada como un poema que no se escribe, enredado en la garganta y floreciendo por los ojos para darse cuenta que la autopsia no genera más que sabiduría a quien sabe leer.

Nada como desnudarse, de mil maneras posibles, con ropa o sin ropa para saber quién de verdad está contigo y quien está en el montón.

Nada como hacer un baile con tus emociones, subida a la barra de la vida para entender que la música está dentro y que hay muchos que por más que sonrían no aguantarían ni un concierto.

Y es ese miedo a los sentimientos y a la cirugía lo que le convierte a uno en espectador, con una cartera de piel, tarjetas, billetes y banalidades profundas, el que duerme al paso de los años y juzga detrás de un malecón, a los que se mojan los pies con agua bien fría en invierno, saltan charcos con zapatos recién estrenados y beben agua que creen no potable como poco una vez al mes.

Y es que la vida es demasiado corta como para que la piel pase frío y existen razones más que suficientes para subirse a una barra, descalzar al estómago, quitarle el sujetador al corazón y ponerse cómoda en el pecho.

Violeta casi negro

Violeta era un recuerdo, de esos que no puedes quitarte por más antibióticos que tomes.

Era una estación de paso entre el mundo como lo sientes y el mundo como lo ves.

Una habitación vacía y abandonada llena de detalles a la que sólo podían acudir los buenos fotógrafos.

Era una especie de animal salvaje queriendo ser domesticado por el amor, que tan pronto te ronroneaba por fuera y ladraba por dentro como te ladraba por fuera para hacerte ronronear después.

Era como una de esas trapecistas que parecía desentrenada, después de tantos circos en los que se había tenido que cortar la cuerda.

Era el miedo camuflado, la que robaba disfraces en la tienda de disfraces para luego terminar comprando el suyo.

Era desecho y regalo recién abierto, carmín y pelo despeinado, zapato plano en las alturas y tacones de estar por casa.

Era un libro para leer y un cuaderno de notas para borrar.

De esas chicas que subrayan hasta las tres de la madrugada las frases más hirientes del pastel. La que se engordaba el alma sin piedad con cualquier sentimiento que entrara por la ventana, estuviese abierta o cerrada, con cortinas o sin ellas, sucia o limpia, rota y recién instalada.

Era de las que huía para buscarse cuando nadie la encontraba.

De las que se pellizcaba la piel cuando la vida se ponía constante y habitable, y hasta te la podías encontrar dándole la vuelta a una sonrisa pintada en la pared.

Si se soplaba el flequillo te estaba contando una historia.

Si subía la música bien alta en la ducha te estaba llamando a gritos.

Si leía demasiado estaba teniendo pesadillas por las noches, y en vez de contártelas era capaz de gritar que sólo quería leer.

Era lo suficientemente sociable para querer estar siempre sola.

Y lo más parecido a la experiencia de un bebé que había nacido tarde.

No tenía remedio frente a un ataque pero se desmoronaba ante la piel.

De distancias largas pero sencillas y torpe y quebradiza en las cortas, se batallaba cada error con promesas frente al espejo.

Le gustaba la tristeza, eso decían los que no habían estado en la suya, la llamaban dramática así sin más como quien entrega un pin, lo engancha en la solapa y se va.

Menos caperucitas, querido lobo, que violeta solo estaba programada para abrazar la verdad, porque era la primera que saboreaba un parque acuático o una piscina de bolas mientras los que tenían medallas de campeonatos de alegría estaban asustados en una toalla esperando el turno para acabar.

Ningún columpio jamás consiguió volar más alto que ella.

Ninguna nube consiguió pasar desapercibida del mundo de las formas.

Ningún pensamiento se instaló sólo para quedarse.

Y nada absolutamente nada le parecía por qué si.

Violeta era un color casi negro porque había probado todos los colores.

Y a veces cuando estaba agotada inventaba otro sólo para ella, para poder escapar de todas las cosas que le hacían sentir cuando lo único que quería era sentir nada.

Y ese fue el problema, que todo se quedaba en casi,

casi siempre,

casi todo,

casi cada día,

casi muere.

Lección aprendida

He terminado por aceptar que todos los castigos que me he llevado en la vida sólo eran fruto de una malformación en el alma.

Una incapacidad para que las cosas salgan bien a mi lado.

He dejado de querer comprender y me he dejado un rato caer, sin risa pero sin pausa, porque al final, lo único que me llevo es que sin mi es todo mil veces mejor y me he cansado de que digan que tengo la culpa.

Cualquier palo que toco, cualquier cosa, sin rendirme, por más ilusión, ganas y deseos que pongo, aún con todo el cansancio, con todos los deberías, da igual, porque la inutilidad es para mi y a veces hasta creo que mi presencia carga con toda la energía de todas las taras que no eran mías.

Lo que hay dentro no es válido para este mundo, pero el cuerpo sigue siendo una máquina de trabajo.

A veces creo que llevo demasiadas mujeres encima, me doy por perdida, pero ojalá lo que salió de mi no tenga absolutamente nada que se me parezca.

Las cosas que necesito son marcianas, lo que doy, lo que soy, caduca siempre tan rápido, que mi cuerpo ha empezado a dejarse vencer, y prepara un epitafio con letras tan imperfectas como un horizonte, que dice: lección aprendida.

Agua escondida

Cómo se parece el trueno a ese recuerdo amargo que te pasa rápido por la cabeza y te deja medio sorda y asustada.

Sólo son las seis de la mañana y ya llevas un buen rato dando vueltas al café, oyéndote llover por dentro.

Ese instante en el que te permites descansar de toda una noche en guerra contigo misma, el desayuno, el silencio, las tazas y hoy qué?

Te apartas las nubes como puedes, completamente decidida a seguir aprendiendo de ti, de aquella que dejaste porque te hacía mucho daño y a la que prometiste rescatar cuando la marea se calmara.

Pero es que todo ese agua, en realidad sigue ahí, y es imposible no darse cuenta.

Sólo un recuerdo, fugaz, que te atraviesa la sien y te cambia la cara.

Estás hecha de tormentas y orgasmos y sigues insistiendo en ser la chica fuerte que frena en seco, se para los pies y quiere seguir caminando ligera de carga.

“Sólo conocemos el 5% de los océanos”

¿Y vas a poder tú ? Respira. Eres tan natural y humana que te apuntas un tanto en cuanto dominas un pensamiento.

Ese avance perfecto en el que la chica que eras ya no puede ser la que hoy es, y menuda medalla. Ganarse así misma.

Quien se ha pegado la vida bailando bajo sus lágrimas lo sabe, porque te llueves, y tanto que te llueves encima, si hasta has aprendido a surfear con todo y te has castigado por no poder un rato.

Truena. La cabeza es otra de esas masas que no congenia con lo tuyo, porque tú eres agua, mar, océano, horizonte infinito, y sin embargo te pesa, esa piedra que tienes encima del cuello, pensante, que te sumerge y te hace necesitar más fuerza en los brazos y en las piernas para no ahogarte.

Si, cómo se parece el trueno a ese recuerdo amargo que te pasa rápido por la cabeza y te deja medio sorda y asustada.

Pero hay que seguir. Otra ronda de café, humo y algún otro estigma más en el cuerpo para la colección.

Ya más calmada, te abrazas después del naufragio, miras por la ventana y de la misma manera que empezaste a llover, así de la nada, te haces paraguas y empieza el arco iris.

Nadie va a saber la que te ha caído encima esta mañana, ni siquiera te van a ver mojada porque por fuera vas a volver a ponerte un salvavidas.

Qué más da quién no lo entienda, somos el 95 % que queda por descubrir.

Por eso, porque no te has dejado rescatar tan pronto, por la valentía que has tenido de soportar otra tormenta, por enfrentarte a mil barcos que no piensan, por eso…

Deberías pedir un deseo cada vez que veas pasar un recuerdo fugaz.