Mantra de un útero cabizbajo.

Me gusta cuando intuyes que no hay verdad tan profunda como para regalar lo mejor de ti a cualquiera.

Cuando desafías lo que intento cerrar por dentro y me abres en canal el incendio.

Cuando me avisas con tu llanto un mantra que ya me suena: más das, menos tienes.

A veces creo que eres tú quien me protege y me guía diciéndome No te relajes.

Con todos los trasfondos que me intentan colar en cuanto confío de nuevo.

Me gusta cuando me acaricias la cara con tu voz sonando “uapa” que siempre coincide con el momento exacto que necesito.

Hemos pasado tantos tragos amargos juntos que sólo un soplo del polvo que queda de esas cenizas me quema la cara.

Otra vez.

Y tú sigues, como que no va contigo pero algo me dice que si, que y tanto que si.

Por eso sabes que no, que ya no, que siempre será igual…

y entonces me hago daño

y mi tristeza empieza con una pregunta:

¿tanto duele ser mi hijo?

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