Nadie saca los tanques a la calle

Hay un tipo de dolor que no se cura porque hagas cosas. Y eso es algo que pocos entienden.

Nadie saca los tanques a la calle por alguien con una tristeza para siempre.

Y desde que pasó, y luego pasaron más cosas, la única felicidad que existe es la más triste del mundo.

Aquel juez no me hizo más daño del que me hago yo. Es mi condena. Recordar lo que le respondí a aquella psicóloga, qué harías si perdieras? Volver. Respondí.

Hay un tipo de dolor que nadie ve porque está tan dentro que las rodillas no responden aunque sonrías. Te aíslas del mundo, empieza a gustarte la soledad, los libros que te cuidan y te entienden, los árboles que se mueven contigo, las flores que te sonríen en el suelo, la música que te perdona por soltar, a todas las cosas que no me juzgan por llorar les doy las gracias, son mi hogar.

Me he acostumbrado a guardármelo todo delante de la gente, porque he madurado a base de bofetones suficientes para saber que realmente pocos están. Estés como estés. Nadie saca los tanques a la calle por quien ya es invisible, y la capa es estar siempre.

Pero lo mejor de este puto mundo, son las personas que si que están, del verbo estar, las que hacen poesía no comercial, los que no tienen nunca jamás palabras vacías sino que el contenido se vierte de tal forma que te dejan sin palabras, y entonces sólo quieres reír. Reír y bailar. Porque sabes que cuando termines el baile tropezarás con la mirada triste y seguirán estando. Porque te quieren así, sin tapar, te quieren como eres. No se asustan, no se cansan de ti. No hay magia igual.

Pero en realidad, nadie saca los tanques a la calle. La constancia que me toca es tan efímera que sólo puedo ser yo con quien no me toca. Y así, he aprendido a aislarme. A ser intensamente feliz con unas letras que me entienden.

Y madurar con la realidad, que esa es otra, la poesía no es lo mío, no me parece tan cierta como una víscera que canta después de un parto. Si pudiera matar a la que fui, lo haría.

El camino es un laberinto, del que no puedo salir sin herida mortal, por eso paseo con la mejor sonrisa, tocando los muros,dejándome en ellos la piel, poniendo la oreja, cerrando los ojos. Sintiendo que estoy viva.

Vivir no es ser feliz, para mí nunca lo va a ser ya, demasiado daño, demasiado gente a la que jamás voy a perdonar porque me quiero y me necesito querer todavía más. Demasiada lucha, demasiada desesperanza, demasiado agotamiento, demasiado explicarme… he abierto tantas veces el alma para nada, que con esta nueva piel me siento más cómoda, más muerta, pero más ligera.

Nadie saca los tanques a la calle. Porque quieren que seas feliz para que les contagies y no se tengan que mirar su propia mierda. Yo YA NO tantas cosas que me abrocho el bah de seguridad por mera supervivencia.

Al diablo! Basta! Me grito. Me levanto. Doy lo mejor a quien lo quiere saber todo de mi y libra batallas conmigo y luego hay un pero en la calzada, que se me cae de los bolsillos.

Ahora mismo, después de escribir esto, me siento mucho mejor y me acabo de pillar sonriendo. Y esto es lo que quería contaros. Que no pasa nada. Mi tristeza no os ha matado.

Si todo hubiese servido podría perdonarme, pero qué respondo a los que dicen que así no llegaré a ningún lugar ?

Pues que no tienen ni idea, de lo lejos que se llega viéndote por dentro sin miedo. Hacer mil cosas sólo te distrae pero no te cura, te tapa, por eso está el mundo lleno de cobardes dando consejos y sonriendo en falso.

Nadie saca los tanques a la calle, porque después de soltar, ya no hace falta guerra.

Un comentario sobre "Nadie saca los tanques a la calle"

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s