Viva el poeta que escribe rock

Me pregunto si están libres los niños de todos los pasos que damos los adultos excusándonos en nuestras infancias. Papá dejó a mamá porque el abuelo no se atrevió a dejar a la abuela. Mamá busco el amor y la familia porque no quería parecerse a la abuela ni al abuelo inexistente. Y en medio ellos, con cara de felicidad, marcándose un futuro que creen libre, con dos piernas y dos manos para poder jugar.

Por qué no nos dijeron antes que sufriríamos consecuencias ajenas, de ese niño en el parque que no se quejaba de nada, de esa niña que se quejaba de todo porque nadie la escuchaba…

¿Por qué no nos abrazaron para darnos más piezas que encajar? ¿Por qué tanto temor a que los hijos crezcan, se enamoren, se equivoquen, y elijan sus sueños? ¿Por qué tanto miedo a que pierdan y les pellizque el dolor más atroz?

Porque sabemos demasiado y sabremos que fue nuestra culpa, porque andamos planeándoles el viaje sin ser conscientes que de mayor estaremos en su recuerdo como ovejas descarriadas siendo ejemplos de nada. Y se sentirán vacíos de no saber qué hacer.

¿Cómo pueden las personas que me hicieron hacerlo tan mal? Y ahí empieza la autoestima. Agarraos fuerte.

Yo no tengo la culpa de parecerme a una persona que no me gusta pero a la que intenté querer, ni él tiene la culpa de ocupar todo el espacio que dejé dentro para el amor desconocido y que ansiaba por conocer. Joder, era una niña con unas ganas de sacar la lengua al mundo, sin bofetón de por medio.

Todo está relacionado, cuando me llamaba víctima o dramática era mi madre en forma de hombre hundiéndome en la adolescencia. Si me ignoraba era el del semen de una noche que dijo parecerse a mi pero que no gracias, declino la invitación a ser su padre.

Y supongo que cuando yo gritaba él veía el sillón con sus pies colgando rezando para que su padre le diera un beso y la calmara sin un ay déjame de por medio.

Es curioso, una mujer sola, deseando el amor, equivocándose, y otra mujer con amor para toda la vida, encantada de haberse equivocado, las dos, con dos hijos que dicen dejar de amarse por su culpa.

No quiero hacerles eso a mis hijos, por eso creo que me enamoré de lo que merecía y creí perfección, quizás le subí a un pedestal y es urgente bajarle. Daniel, tú tenías que haberme avisado que ese empujón duraría un rato. Un sólo rato largo pero para llegar otra vez al punto final de partida.

Está bien aprender, pero ¿y lo qué he dejado en el camino como mujer? Quise tener las ilusiones que no me dejaron, quise construir lo que a todo el mundo le daba pereza, quise ser lo que mi niña me dictaba desde el otro lado del espejo, quise sentir lo mismo que en las novelas, era feliz realmente feliz y lo decía, aunque se escuchaba como si pareciese que fuese a llover.

Tengo 40 canciones y tengo que volver a empezar, con la sensación de ser una chica repitiendo curso en el instituto. La que soñaba que a ella la vida le iba a ir mil veces mejor. Que no soportaría apegos feroces y hambrientos sino un amor de esos cómplices de los que sólo hace falta mirar para ver y nadie entiende nada.

Exactamente eso, que nadie entendiese nada. La mente sabe, el cuerpo siente y los demás qué opinen.

Y cuando los que opinan están en tu cabeza? Quién pierde? Quién gana? Quién vive su vida?

Este 2021 se ha pasado siete pueblos y estoy en el octavo esperándole.

Ay si, las cosas pasan por qué si porque somos inútiles siendo responsables, nos gusta la idea de que sea el destino el que hable cuando está harto de hacer lo que no nos atrevemos ni nosotros. Seamos serios, la vida es un rato, y va en serio.

Mis hijos ya han aprendido que el amor para siempre no existe, lo veo en sus ojos y me da pena, ellos me consuelan a mi porque creen más en la idea del amor de su padre, el juego de la oca, que al mismo tiempo detestan y harán que en el fondo de mayores busquen mi idea. Es un ciclo vital del que no se va a salvar nadie.

Y yo quería salvarles, salvarme a mi, salvar al amor y poder decir a ciencia cierta no tenéis ni idea. No es felicidad absoluta todo el rato, no son cubiertos en la mesa, no es el miedo a estar solo sino una firme elección preciosa, no es una lavadora llena, un despertador y una nevera con mil cosas para engordar.

Es un olor que te hace caminar desde su ducha hasta su persona, es saber si ya se ha ido porque hay una nota en la cafetera, es un espejo que te ve guapa, es una conversación que no gusta a las tantas de la noche para poder volver a la cama de la mano. Son días enfadados poniendo a tiro como niños quien ha aprendido mejor a defenderse, es un poder absurdo cuando el otro llora, niega o patalea. Es un abrazo a media noche porque si, porque estás aquí. Es caminar con problemas, con dos pares de zapatos y los cordones cruzados, es ese equilibrio del que nadie podría salir a menos que a uno ya no le guste la idea.

Y así se hizo el Bronx, Manhattan, Brooklyn, Chinatown y Central Park. Por culpa de gente que iba y venía aceptando la vida sin pararse a pensar. Corriendo para olvidar.

Queridos niños del planeta, algunos hemos fracasado por detener a mal tiempo todo lo que florece, no es asunto vuestro arreglar las calles, pero por favor no me toméis de ejemplo.

Yo florezco sola, como puedo, y me marchito las veces que me da la gana, porque eso es lo único que os puedo enseñar, sentimientos y humanidad. Pero no miréis a vuestro alrededor para ver cómo se vive porque entonces seguirán existiendo los unos más y los unos menos. No te distraigas, hay millones de cosas buscando venganza en forma de belleza.

Qué queréis que os diga… vivan los poetas que escriben rock, viva el rockero que llora y el poeta que lo manda todo a la mierda.

Los últimos ángeles del infierno

Aquel día te lo pedí, era un mensaje de texto breve, conciso y lleno de amor. ¿Te apetece follar?

Me quedé dormida y me desperté con tu boca en mi ingle, cómo te había enseñado, no lo olvides nunca, me besaste las costillas cosa que nunca habías hecho y me sentí rara, como si te estuvieses despidiendo. Follamos, como putos angeles del infierno. Te sacudiste en mi cara y te fuiste.

Me quedé hecha un ovillo en la cama, abrigándome con las sábanas, confusa. Te amaba. Pero te ibas, te estabas yendo, ya te habías ido. Y sólo quisiste placer mientras yo te estaba perdiendo.

Al día siguiente fui al baño y te imaginé empotrándome en la ducha, miré de lejos la cama y olía a ti conmigo, salí de la habitación y al bajar las escaleras te encontré, te apartaste para no cruzar conmigo, como si hubieses querido callarme con tu pene en mi boca, no hables guarra.

A mi me encantaba, pero aquella vez me hubiese gustado hablar, abrazarte, tocarte, cogerte la cara y empalmarte. Pero me mutilaste con la polla. ¿Puede hacer llorar un cuerpo desnudo? porque yo te imagino y se me pone gorda la tristeza.

Siempre te lo dije, si supieras tocarte, si supieras a qué sabes, si supieras abrazarte, amarías tus manos por encima de todo, por encima de mi.

Todo siguió igual de silencioso, unos desconocidos que no se acordaban que se habían tocado hasta el alma… que no sé si es mi piel la que te echa tanto de menos o soy yo.

Si hubiera sabido que era el último no te habría dejado marchar, ni de mi cama, ni de mi trampa.

Esta maldita flecha que tengo clavada, que te dibuja en mi cabeza enamorado, que me brinda vino con los ojos y me coge de la mano.

Si hubiese sabido que era el último te hubiese pedido más y de mil formas. Te hubiese pedido que me rompieras allí mismo, en vez de aquí sin ti.

Porque ahora,

Ahora no sé olvidar la vida, sin nosotros.

Con todas mis rosas

Le he dicho a septiembre que escuche nuestras cosas.

Que abandonemos las playas y les dejemos ser el mar, que aparece en todos los suspiros de quienes necesitamos huir.

Que tentemos a la suerte en cada rutina, dejándonos las máscaras en la mesita, de noche, lo que no somos de día… o cualquier otro invento que sigamos consumiendo para no vernos arder por dentro.

Por fin se acaba eso de fingir, eso de ver los rostros nauseabundos en las calles, mojados, exhaustos de felicidad porque todo el mundo sabe que en verano tienes que ser feliz. Cuánto más feliz más verano. Amo septiembre y todos los meses del año que no me obligan a sonreír, sólo así me sale una sonrisa auténtica.

El verano se parece a la navidad. Por eso me cuelgo en el perchero y me pongo al llegar a casa, o a otoño. Una tregua de gilipollez extrema.

Todo sigue igual aunque la gente vacía diga que no. Parejas que en la rutina no se entienden descubren en verano o en navidad el hastío de su vida. Amigos que demuestran realmente lo que son cuando el deber no les llama, familia que te miente y te hace creer que lo son porque es festivo. Todo cambia en cuanto las estaciones les ponen a prueba.

Por eso el mar se alegra de que dejemos las cosas como son, como realmente son y septiembre nos sonríe con una copa en la mano.

Hacemos demasiadas cosas que ni siquiera nos preguntamos si nos gustan sólo por él hecho de que las hacen los demás. ¿Qué microchip patético nos han metido ? ¿Es nuestra vida nuestra?

Ya no le doy mucho a quien ya sé lo que hace con eso,

incluyendo fingir, que no sirve para nada, mas que para fallarte a ti misma, y por ahí no paso. No me pregunten por qué.

Si pusiésemos nuestro planeta en un tocadiscos, sonarían decepciones repetidas.

Y alegrías, y caricias, y ternura, y risas, y enfados, y verdades… la vida va cargada de todo eso.

Y la suavidad de la espina tampoco miente.

Sinónimos de sexo

Abertura, falla, fisura, grieta, ranura, rendija, quebradura, resquicio, raja…

La raja que aprieta el bisturí entre el corazón y el ombligo.

La raja que aparece cuando entra el fuego y se va el calor.

Se abre. (Se corre)

A veces se abre como una cicatriz invisible que se deshace. Las visceras se pisan el suelo, como si hubieran sabido antes de amor, mucho antes de haberlo tenido,

cuando se soñaba, justo ahí, cuando nada, antes de la raja, ahí. (Virgen)

Y la cierras cuando te vistes, sonríes y vas a por más caminos, sin que nadie la vea. (Húmeda)

Esa raja, que enmudeció no sabes cuándo pero si de vez en cuando, ese silencio te avisa, que sigue ahí, antes y después de ti sin saber para, cuándo, ni por qué. (Deseas)

Aprietas y no sangra, porque cada vez que alguien saca sus ilusiones por la boca y se caen, hay un terremoto en alguna parte del mundo. Una raja en el subsuelo, para que andemos descalzos, conscientes de lo que hemos hecho.

(Follando)

Abro una caja de música y le doy cuerda para ver si sigue todo en su sitio.

Coso con mis dedos. Me acuerdo de los cuentos, del corazón que escuché en el vientre materno, de las idas y venidas a mi yo mas interno. (Erótico)

Y sin conocerme sigo esperando,

algún consejo más fuerte que yo,

alguna práctica más firme, alguna palabra llena de contenido, algún abrazo sin partirse en dos a la de tres y algún suelo capaz de sostener por encima de todo, mi cuerpo. (Desnudo)

He sonreído tres veces en una hora para hacer tres en raya conmigo.

La música despierta y duerme la raja. Me lo hice encima el miedo, para ver quien venía.

Pobres de los que se emocionan antes con una pantalla que con un susurro al oído, una canción en el ombligo, un pie frío rozado por casualidad, una mano en el pecho, una cabeza en el hombro, un beso en la frente o una caricia en el pelo. (Orgasmo)

Esos son los que ya no sentirán nada frente al mar, ni les contarán cosas a los árboles con la esperanza de que echen a andar, ni tendrán cerca la vida en las manos.

Y yo, que para ti sólo quería ser importante y hacerte el amor…

no pude evitarlo.

Espejito, espejito

Podemos escribir quiérete hasta que se nos fundan los cables que si no entendemos lo que es quererse de poco servirá.

Hablamos de espejos como si fuesen una salvación en blanco y negro, y tantas veces lo son… Incluso cuando te sientes bien y te dices todo lo maravillosa que eres añades colores nuevos.

Espejito espejito que una vez te rompiste y otra vez casi matas a la bruja del disgusto.

Para mi el espejo es decirme cien mil veces no estás sola, no nos queda otra que llevarnos bien, habrán mil problemas sin resolver entre tú y yo pero ni aún así te dejaré sola. Te miraré cuando no me soporte, muchas veces te miraré llorando te preguntaré cien mil por qué y en tu silencio nos abrazaremos, siendo honestas, tú conmigo, yo contigo, siempre juntas.

Porque decirte que eres maravillosa y quedarte ahí no va a hacer que nos miremos bien, la verdad siempre a la cara, imagínate contigo.

Con cada frustración nos perdonaremos, por estar sintiéndola, sin negarla y en cada suspiro después de la tragedia griega nos acabaremos riendo.

Te miro, te quiero, y me parece increíble que sigas aquí, después de tanto, como única persona en este planeta que me puede asegurar rotundamente que no me abandonará. ¿Por qué iba entonces a tratarte mal? Joder que si duele la vida… y aquí sigues, mírate. Llamándome pequeña todas las veces que lo necesito. Queriéndome hacer mejor, aprender. Siempre me tratas bien, soy yo la que estoy en deuda contigo.

Espejito, que yo sé que a ti y a mi nos abandonaron al nacer y aprendimos a andar por el camino solas, no sé cómo pedirte perdón porque no te sepa ver nadie, miro tus ojos y quiero llorarlos, tan mal nos salen las cosas más sencillas que hasta las complicadas con dos ovarios las olvidan. Perdóname, porque ni tú misma eres suficiente para mi, soy una inútil con miedo que te desafía con sonrisas. A veces me gustaría que me dijeses todo lo que necesito y me abrazases un rato besándome el pelo. ¿Por qué siempre tan solas? ¿Por qué no hacemos feliz?

Te mereces estar en otra alma, sólo nos han hecho bonitas por fuera. Escapa de mi, huye. Rómpete.

O un chupito por ti y por mi por la de veces que nos hemos fallado.

Enhorabuena

Bravo. Has sido elegida la mujer más bonita, por dentro y por fuera de la tierra. La más valiente, fuerte y decidida. La más leal, cómplice, segura, honesta y libre.

¿Qué vas a hacer con tu premio?

De aquello que no se puede hablar

Marta era de esas chicas que había estado siempre en la sombra haciendo sonreír a los demás. Tenía un aspecto desaliñado fruto de una madre obsesionada con el saber estar y una belleza a la que no le sacaba partido, para no destacar. Estuvo convencida durante mucho mucho mucho tiempo que el cuento lo ganaría Alícia por no ser princesa, ni malvada.

Era como aquella vez, cuando trabajando en un guardarropa se dio cuenta de que toda su vida había sido esa, guardar y conservar en perfecto estado las prendas ajenas y al entregarlas ninguna chica la miraba, ni para desearle suerte, y los chicos, todos la invitaban a saltarse las reglas y salir de allí.

Trabajaba durante horas escondida en un agujero viendo pasar a mujeres con trajes increíbles y tacones altos, a hombres asquerosos con sonrisa de Playboy estafados por su propio ego y rodeados ambos sexos de exceso de todo, menos de dolor.

Muchas de las servilletas que iba encontrando olvidadas acaban con frases escritas de su puño y letra. Su cabeza siempre parecía estar leyendo historias que la dejasen vacía de todo aquel vacío y sonreía al pensar que alguna vez a algún trabajador invisible como ella le podría alegrar la tarde leyendo “Estoy aquí contigo pero no me ves”.

Marta era como una isla a la que todos acudían cuando querían descansar o divertirse un rato, una de esas islas que sólo recibía turistas y barcos de Ida y vuelta. Siempre tenía un letrero en la mirada, casi como luces de Neón por si algún extraterrestre se decidía a hacer realidad toda esa poesía barata que le había amargado la vida, de tanto creer.

Tenía un marido que nunca la miraba como le miraban el resto de los hombres, quizás porque no la conocía, se decía así misma, advirtiendo desde bien pequeña, que sólo bastaba estar siempre disponible para ser la del pañuelo blanco que despide en un tren.

Había sido un completo fracaso su ascenso así misma, abandonó una carrera pensando que su mejor tarea en la vida sería cuidar de los demás, creyéndose que la necesitaban, iba a darlo todo para construir una generación que acabara con la suya, quería ser la matriarca de una novela de Luz Gabás, la recordarían por lo que luchaba por lo invisible de la vida y algún día lo contaría todo. Todo aquello de lo que nunca se podía hablar.

Era una risa en plena lluvia, divertida y cariñosa que sólo se reflejaba en un cristal para no darse por vencida. Rodeada de inútiles sin luz que se encendían con la suya.

Era capaz de todo con tal de sentirse viva, y eso, eso ahogaba a cualquier piedra.

Una vez se convenció así misma de que quizás era un fantasma, que por eso nadie se percataba de su presencia. Ni la esperaban, ni la buscaban ni la valoraban. Había diseñado su vida en un plan perfecto para que los demás se sintieran queridos y se había olvidado por completo de que los errores siempre ocurren por no saber decir NO a tiempo.

Le enseñaron el miedo, el castigo, la violencia, la indiferencia, la ausencia… nunca supo cómo decirle a las miles de personas que se cruzaban con ella durante el día que en realidad no tenía a nadie en la vida. Era como imposible. ¿Como se empieza ?

La habían subestimado tanto, la habían hecho creer que su presencia no era para tanto, que hasta después de escuchar un “necesito saber si te echo de menos” seguía pensando que la querían.

Reme, la del cuarto, se lo dijo una vez sentada a su lado en la cama: estás demasiado viva, Marta, será mejor que vueles sola si no quieres acabar convertida en una mujer de otro siglo.

Pero Marta insistía, hasta en las peores batallas han habido mujeres guerreras. Quería comerse el mundo y cuando se lo comía los hombres le decían que a donde iba con la boca tan llena. Dejó de intentarlo, un día cualquiera, de un mes entre los doce, cuando volvió a pasar desapercibida y se dio cuenta de que toda su vida había sido una auténtica súplica, un estoy aquí, quiéreme, un montón de palabras que nunca se habían ido de su alma y la habían convertido en esclava de una lucha, que nunca harían por ella.

Un día de esos que todo da vueltas hasta cobrar sentido y las piezas encajan, un día de esos en los que descubres el por qué y el para qué de todo. Un día de esos en los que Marta se juró así misma no tener mas paciencia, ni más sombras, ni más migas de pan ni más nada.

Un día de los miles que se imaginó en otro lugar, sin esperar a nadie, con los papeles intercambiados, cruzando cada día una playa, oliendo a mar, sintiéndose guapa, querida, amada, deseada, fuerte, capaz, útil, válida, risueña, firme y sin miedo a hablar, sin exámenes, sin condiciones, sin terrorismo, a que nadie la abandonara o la dejase de ver, simplemente porque ya no le importaba quien la viera, porque ya estaba ella con su vida, su niño de rizos rubios y el mar.

Un día de esos en los que dejó de apretar dientes de león para convertirse en el soplo, el deseo, el sueño y el ojalá.

Le había fallado otra vez a su nunca más, y lo haría cien mil veces con tal de tener una vida que contar. La suya. Cada vez más real y con menos mentiras. Cada vez con menos errores convertidos en gente y con más paz. Marta se había hartado de escribir en servilletas de papel, comprendiendo que no la leían, que la realidad estaba hecha para almas dormidas, y se salvó la vida en un silencio.

Como el que se salva la vida cerrando una puerta, con lo que nunca va a querer, detrás.

Marta no tenía un marcapasos, tenía una bengala y un verso de Jodorowsky:

“Te has convertido, por querer tanto verte, en un espejo vacío”

Escocia

La ventana estaba cerrada, el frío que veía por la ventana era el mismo que habitaba en mi, los huesos, la espalda, las manos, la boca… no iba a escribir sobre eso, no iba a ponerle poesía a todo eso, ya no.

Había leído tanto, había visto tantas películas sobre vidas nuevas, segundas y terceras oportunidades que se me había olvidado pararme a pensar que también hay herida, sobre todo si vas contigo y sobre todo si voy sin ti.

Me había propuesto hablar conmigo, sin dramas pero sin fuerzas, escuchando a mis ojos, doliendo retinas y bajando párpados lentamente una y otra vez. Qué suerte que se haya recuperado ya de mi.

Escocía, cómo puede dolerte tanto Escocia si no la has visitado ninguna vez.

Pero yo de eso ya sabía bastante, y qué demonios, estaba harta de herirme sola por doler y que no doliera si a mi me dolían.

Estaba furiosa por haber sido la compañía casi perfecta para no poder sentir nada. Le hubiese cuidado tanto si me hubiese hablado… ¿Estaba pagando su frustración conmigo por no soportarse ?

Todos quieren que sea menos profunda, me pregunto ¿de qué tienen miedo?

El miedo lo destruye todo. La ira lo contamina todo. El pasado y los traumas lo persiguen todo. Y luego está lo que tú te quieras y te entiendas, después de todo alucino con que mi corazón siga latiendo, ahi, el tío fuerte y valiente con su armadura y sus venas hinchadas de amar.

Siempre corriendo a ver si a mi piel se le echaba de menos, siempre frenando en seco al ver que detrás seguía el mismo vacío,

el mismo hueco,

que existe en todas partes

cuando yo no me merezco que tú no me quieras.

A lo mejor es que todos estamos intentando recuperarnos de algo que no le decimos a nadie. Pero qué bonito cuando alguien se da cuenta, y se queda.

Todo va según lo nunca visto

Más allá de la realidad hay un sueño imposible. Una cabeza que no puede apoyarse en ningún hombro sin previa queja constante.

Hay una necesidad mal escuchada y un silencio atroz en la cocina donde habita la nada y el ruido que me ahoga.

La injusticia, la falta de perdón, el excesivo entendimiento para los demás y la nulidad para mi persona, el respeto hacia mi alma a la que tengo que abrazar porque la llaman profunda mientras las piezas están en el suelo y no las rompí ni yo.

Nadie se hace cargo de la destrucción, cada uno a su bola pretendiendo que tú seas la bola que vaya detrás. A nadie le interesa mi paisaje pero tienen la osadía de decirme cómo debo verlo y entenderlo.

Un día perdí demasiado y me tuve que hacer cargo sola. Y realmente me he cansado de mejorar porque no sirve de nada. He ofrecido tanto mi hombro que ya está hundido, me he dicho cosas feas para que los demás se sientan mejor, me he hecho tan pequeña que ya hasta tengo miedo de mi grandeza.

Todo va según lo nunca visto.

Nadie te ayuda, es la completa soledad, ni en tus monstruos, ni en tus problemas, ni en tus cafés donde te preguntas qué estoy haciendo con mi vida, el block en el cerebro, la lágrima que aprieta, el silencio para no molestar y otra vez a preguntarme qué hago mal.

Soy experta en acostumbrar a los demás a estar siempre, a tragarme que me puedan tratar como quieran. Cada vez que me ilusiono tengo que apagar el fuego, cada vez que vienen las ganas, las tengo que matar.

Y así, en cada violencia al alma pasan mis días donde lo único que veo lo veo sola. No es ausencia física, es otra cosa. Es como estar continuamente en un abismo mientras nadie te ve, pedir perdón por estarlo y con miedo a que alguien caiga mientras mi pie se desliza sin querer.

Todo va según lo nunca visto.

Ya es insoportable una frustración más.

Y me he ido equivocando en cada paso que he dado en la vida. Creo que buscando lo que nunca había tenido. No lo sé, no me gusta mirar hacia atrás pero es que hacia delante realmente tampoco hay tanto.

Entre lo que quiero ser y lo que soy yo estoy en medio. Nada es tan malo por fuera si me convierto en un bloque de hielo, una piedra o un gato de esos chinos que sonríen y mueven la mano diciendo si todo el rato.

Ya soy un despojo humano, miro mis fotos y me lloro, preguntándome si alguien me mató o fui yo la asesina. Quizás pueda comprarme otra autoestima, es obligatoria llevar siempre la tuya puesta?

Todo va según lo nunca visto.

A veces dan ganas de hacerse la muerta. Y mirar por un agujero a ver quién llora.

Nadie quiere preguntarse nada, nadie quiere ser responsable y yo no quiero compadecerme y nadar en la mediocridad. Pero tampoco quiero seguir estando, porque cada vez que estoy, alguien se queja de la excesiva calor que hay en mi piel. Jamás nadie me ha buscado como yo soy capaz de buscar. Y lo de aceptar me funciona lento.

No soy capaz de golpear la mesa, lo de ser especial lo he tirado a la basura, lo de ser prioridad lo he enterrado conmigo, y lo que necesito lo he soplado para arriba, a ver si les llega.

Me recojo las piezas, dejando marcas en el asfalto, aún sabiendo que no será nunca un camino, ni de Ida ni de vuelta.

Todo va según lo nunca visto.

Un reloj parado en la misma hora,

un café con el sabor de siempre,

unas líneas en las palmas de las manos

en un idioma que no entiendo.

No cabe más ira en cada golpe de remo.

A estas horas el hastío está vacío, el silencio aprieta la garganta y deja marcas.

Odio este lugar así, me recuerda tanto al dolor que no podría estar mirando sin más. Escribo. Escribo para no estar dentro y no estar aquí. Lo he llamado Nápoles para poder estar.

Conmigo, es un lugar aterrador, físicamente a mi lado puede ser un lugar agradable como mera compañía, como un animal, pero con las voces del alma apagadas, no vaya ser que alguien se despierte.

Molestar, sobrar y decirme vuelve a intentarlo. Es lo único que se me da bien.

Pero un día enmudeces, pides auxilio en tu silencio, te agarras el corazón de amar tanto para nada y te preguntas tantas cosas que no puedes caminar.

No sé si es mi cabeza quien imaginó todo lo que necesitaba y en realidad había lo que hay hoy. ¿ qué más da? A lo mejor no he hecho nada y sólo están pagando conmigo la frustración de no soportarse. ¿Para qué quiero explicaciones que me hagan daño si todo va a seguir igual?

Todo va según lo nunca visto.

¿Y luego? ¿Que vendrá luego ?

Acostumbrarse a una realidad que ya no aprieta tanto, que no deja apenas marca en la cintura ni en las costillas y dejar suavemente pasar la respiración, desde el pulmón hasta la boca sin ningún cortocircuito por el camino, sin nadie en medio.

Por una vez, el aire entra y sale sin ni siquiera pensar que estás respirando.

Todo va según lo nunca visto.

Desde el balcón. Desde la misma luna y el mismo sol. Hemos dejado marchar la felicidad sin agarrarnos fuerte a algo, sin mirar a los lados y sin pensar.

Como si fuésemos la cerveza perfecta.

Me cuesta aceptar que el vaso acabará con un poso y marcas de espuma desierta, con rastros de todo lo bebido.

No hay quien se salve de las marcas, de todo lo vivido.

Pero de no haber existido la capacidad de sentir, nos habríamos perdido la literatura entera, nos habríamos quedado sin el alma de los valientes, que apostaron por no tener vergüenza, y entendieron que habían más guerras.

Nadie se merece ser tan Nadie después de ser alguien.

Pero ya que estamos, que busquen refugio que voy a salir a la vida.

Puta

Que si, que nunca consigo nada.

No acabé mi carrera universitaria, no soy de las que triunfan en las oposiciones, todo es para nada, no me fue bien en el Amor porque se quedó a medias, terminado finiquitado olvidado podrido, pero a medias. Pensamos que lo damos todo, pero y una mierda. Andan los cobardes con escudos valientes. A mi no me han dicho espérate sentada, a mi me han quitado la silla.

No soy una Santa, cocino para cincuenta aunque no vengan, tengo manía con las toallas mal puestas, grito cuando callo demasiado, hablo cuando necesito, pero siempre hablo tarde, escribo como el culo y por eso nadie aún se ha fijado en mi.

Nunca he tenido un trabajo tan estable como para tener paz, nunca han tenido conmigo una verdad completa, nunca me han dicho hazte ilusiones, siempre todo lo contrario, tranquila, relaja.

Nunca he corrido una maratón porque me asfixio y me parece una chorrada, si la hiciera en el cartel que me pondría en la frente se escribiría número Nadie.

Nunca tengo ganas de hacer cosas porque tengo ganas de hacerlas todas. Nunca me han dicho un para siempre real. Nunca me he bañado realmente tranquila, las madres sabrán por qué lo digo. Nunca escucho música con auriculares porque mi cabeza me explotaría como en las ferias. Nunca hablo de mi en defensa propia. Nunca he hecho deportes de lucha, ni he estado en una guerra.

Que si, que no soy una Santa. Me da miedo llegar al final por si al final me abandonan.

No termino nunca de hacer grandes amigos, las cervezas me las dejo a la mitad, si me da por llorar lo llaman drama, me gustaría verles en mi cabeza, me fumo un paquete entero de tabaco al día y ojalá me bebiera 10 botellas. Me gustaría olvidar a la princesa que quise hacer de mi para él y convertirme en una borracha despreciable. Caminando por las calles pidiendo limosnas de amor y paz.

Nunca tengo suficiente con el sexo que me gusta, nunca dejo terminar una conversación porque cuando no hay abrazos las conversaciones me parecen una mierda. No sé lo que es comprar para mi sin sentirme culpable, y me encanta comprar a los demás pensando en sus caras. No soy una Santa, y la cago hasta en eso. No compré un colchón, puta.

Odio que me toquen el codo. No soporto estar entre mucha gente, me gusta ser Nadie en un mundo lleno de importancias. Me flipa ir despeinada y con cualquier cosa que me siente bien, siempre dispuesta a que me sople la vida las sandeces que va diciendo por ahí.

No tengo al hombre que me ardía en todos los sentidos, ni tengo pared, techo y suelo donde poderme correr a gusto. Puta. Qué haces no alquilándote un piso. Ahora me da miedo suicidarme, y sigo haciendo lo que me dicen, quédate, saldrá un trabajo, pateate roma entera, ahorra y cómprate un piso. Ya he perdido la cuenta de la de veces que digo si, para que nadie se enfade.

No soy dueña de mi misma, aunque todos me ven fuerte, no tienen ni puta idea de lo vulnerable que soy. Bueno cuando me ven triste se enfadan . Puta. Nadie ha sido capaz de conocerme tanto como para quedarse. Quita quita. Nadie.

Cuando hablo de lo puta que soy me llaman víctima, y cuando soy una Santa resulta que no les gustan mis tatuajes. Que si, que si.

Me gusta la música y la naturaleza pero cuando veo algo tierno de mi me lo quemo, para que no me duela. Todo es tan efímero que da asco. Mucho asco y maldad.

A mi me gustaría ser mala de verdad cuando me llaman mala. De la condescendencia me sale ira y de la rabia hacia mi un llanto interno que no controlo. ¿ por qué no me quieres?

Puta, porque todo el mundo me dice que esto pasará y pasa todos los días. ¿Queréis dejar de minimizar lo que siento y ningunearme el alma?

Lo peor de ser puta es que te quieran olvidar.

Lo peor de ser santa que estén mejor sin ti.

Y lo único admisible que puede haber en esta vida es que sigas existiendo, poniendo buena cara y diciendo si a todo, cómo robots que arrancan corazones para dárselos a las putas.