Viva el poeta que escribe rock

Me pregunto si están libres los niños de todos los pasos que damos los adultos excusándonos en nuestras infancias. Papá dejó a mamá porque el abuelo no se atrevió a dejar a la abuela. Mamá busco el amor y la familia porque no quería parecerse a la abuela ni al abuelo inexistente. Y en medio ellos, con cara de felicidad, marcándose un futuro que creen libre, con dos piernas y dos manos para poder jugar.

Por qué no nos dijeron antes que sufriríamos consecuencias ajenas, de ese niño en el parque que no se quejaba de nada, de esa niña que se quejaba de todo porque nadie la escuchaba…

¿Por qué no nos abrazaron para darnos más piezas que encajar? ¿Por qué tanto temor a que los hijos crezcan, se enamoren, se equivoquen, y elijan sus sueños? ¿Por qué tanto miedo a que pierdan y les pellizque el dolor más atroz?

Porque sabemos demasiado y sabremos que fue nuestra culpa, porque andamos planeándoles el viaje sin ser conscientes que de mayor estaremos en su recuerdo como ovejas descarriadas siendo ejemplos de nada. Y se sentirán vacíos de no saber qué hacer.

¿Cómo pueden las personas que me hicieron hacerlo tan mal? Y ahí empieza la autoestima. Agarraos fuerte.

Yo no tengo la culpa de parecerme a una persona que no me gusta pero a la que intenté querer, ni él tiene la culpa de ocupar todo el espacio que dejé dentro para el amor desconocido y que ansiaba por conocer. Joder, era una niña con unas ganas de sacar la lengua al mundo, sin bofetón de por medio.

Todo está relacionado, cuando me llamaba víctima o dramática era mi madre en forma de hombre hundiéndome en la adolescencia. Si me ignoraba era el del semen de una noche que dijo parecerse a mi pero que no gracias, declino la invitación a ser su padre.

Y supongo que cuando yo gritaba él veía el sillón con sus pies colgando rezando para que su padre le diera un beso y la calmara sin un ay déjame de por medio.

Es curioso, una mujer sola, deseando el amor, equivocándose, y otra mujer con amor para toda la vida, encantada de haberse equivocado, las dos, con dos hijos que dicen dejar de amarse por su culpa.

No quiero hacerles eso a mis hijos, por eso creo que me enamoré de lo que merecía y creí perfección, quizás le subí a un pedestal y es urgente bajarle. Daniel, tú tenías que haberme avisado que ese empujón duraría un rato. Un sólo rato largo pero para llegar otra vez al punto final de partida.

Está bien aprender, pero ¿y lo qué he dejado en el camino como mujer? Quise tener las ilusiones que no me dejaron, quise construir lo que a todo el mundo le daba pereza, quise ser lo que mi niña me dictaba desde el otro lado del espejo, quise sentir lo mismo que en las novelas, era feliz realmente feliz y lo decía, aunque se escuchaba como si pareciese que fuese a llover.

Tengo 40 canciones y tengo que volver a empezar, con la sensación de ser una chica repitiendo curso en el instituto. La que soñaba que a ella la vida le iba a ir mil veces mejor. Que no soportaría apegos feroces y hambrientos sino un amor de esos cómplices de los que sólo hace falta mirar para ver y nadie entiende nada.

Exactamente eso, que nadie entendiese nada. La mente sabe, el cuerpo siente y los demás qué opinen.

Y cuando los que opinan están en tu cabeza? Quién pierde? Quién gana? Quién vive su vida?

Este 2021 se ha pasado siete pueblos y estoy en el octavo esperándole.

Ay si, las cosas pasan por qué si porque somos inútiles siendo responsables, nos gusta la idea de que sea el destino el que hable cuando está harto de hacer lo que no nos atrevemos ni nosotros. Seamos serios, la vida es un rato, y va en serio.

Mis hijos ya han aprendido que el amor para siempre no existe, lo veo en sus ojos y me da pena, ellos me consuelan a mi porque creen más en la idea del amor de su padre, el juego de la oca, que al mismo tiempo detestan y harán que en el fondo de mayores busquen mi idea. Es un ciclo vital del que no se va a salvar nadie.

Y yo quería salvarles, salvarme a mi, salvar al amor y poder decir a ciencia cierta no tenéis ni idea. No es felicidad absoluta todo el rato, no son cubiertos en la mesa, no es el miedo a estar solo sino una firme elección preciosa, no es una lavadora llena, un despertador y una nevera con mil cosas para engordar.

Es un olor que te hace caminar desde su ducha hasta su persona, es saber si ya se ha ido porque hay una nota en la cafetera, es un espejo que te ve guapa, es una conversación que no gusta a las tantas de la noche para poder volver a la cama de la mano. Son días enfadados poniendo a tiro como niños quien ha aprendido mejor a defenderse, es un poder absurdo cuando el otro llora, niega o patalea. Es un abrazo a media noche porque si, porque estás aquí. Es caminar con problemas, con dos pares de zapatos y los cordones cruzados, es ese equilibrio del que nadie podría salir a menos que a uno ya no le guste la idea.

Y así se hizo el Bronx, Manhattan, Brooklyn, Chinatown y Central Park. Por culpa de gente que iba y venía aceptando la vida sin pararse a pensar. Corriendo para olvidar.

Queridos niños del planeta, algunos hemos fracasado por detener a mal tiempo todo lo que florece, no es asunto vuestro arreglar las calles, pero por favor no me toméis de ejemplo.

Yo florezco sola, como puedo, y me marchito las veces que me da la gana, porque eso es lo único que os puedo enseñar, sentimientos y humanidad. Pero no miréis a vuestro alrededor para ver cómo se vive porque entonces seguirán existiendo los unos más y los unos menos. No te distraigas, hay millones de cosas buscando venganza en forma de belleza.

Qué queréis que os diga… vivan los poetas que escriben rock, viva el rockero que llora y el poeta que lo manda todo a la mierda.

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