A veces se me olvida que me lees y escribo

Qué raro es cambiar en tu móvil el nombre de alguien que has amado mientras recuerdas tiempos donde yo vibraba cuando él sonaba.

Qué raro es escribir cosas que te importan cero porque no puedes decir te quiero, te echo de menos o el tiempo pasa muy lento sin ti.

Qué raro es mirar a nuestro hijo y no querer a nadie a nuestro lado que no sea él. O que te inviten a una copa y sentirte tan extraña como una hormiga en un tablero de ajedrez.

Y me lo ha dicho, más de mil formas, que le olvide, que no, que la vida sigue con dos polos en cada parte del planeta, con dos mapas que se amaron tanto y se olvidaron la leyenda.

No insistas, no hay nada que hacer, aunque todo el mundo me eche la bronca.

Ojalá ser más inevitable que imposible.

Ojalá haber sido todas esas palabras que se escribieron para mi.

Ojalá haber detenido el miedo a tiempo y no haberme quitado el sitio por una vez.

He dejado de estar en medio tan deprisa que estoy partida en los dos que fuimos. La música manchada con su piel, el vino derramado, las sabanas perdidas, el carro de la compra que aún lleva sus manos, todo lo que ya no puedo comprarle, abrir una puerta y sentirte en ningún lugar, sonreír a medias para que no te escuchen, querer estar sola para poder llorarle y no poder.

Qué raro es ver a un soldado en firme paseando por su vida, aguantando la tirada, sin maletas y con algodones por si le sangra la herida. Yo nunca pensé que él ya no sería, ni yo que dejaría de ser.

En el contestador dejo flores, en borradores nuestros libros por leer, en el infierno le he dejado el cielo y en el cielo copas y cervezas por beber. La lista de la compra lleva sus ojos tristes con los míos. Me resulta insoportable mirar cerca y mirar lejos sin tener armas para dar marcha atrás.

Te preguntas cien mil veces qué hice mal, qué podía haber hecho, porque el amor es eso, decir en qué fallamos y arreglarlo.

Pero ha dicho que no, porque el si, era demasiado valiente. Y por dentro tengo la pena de Kurt Cobain.

Qué raro es mirarse al espejo y tener que escribirme yo. Qué raro es dormir sola y no alcanzarle con el pie. Qué raro es no escuchar la cafetera, ni oírle llegar, qué raros son ya todos los besos que no me da agarrándome la cara. Qué raras son todas las personas que habitan el mundo desde que él no está.

Qué raro es este vacío que intento llenar casi de forma imposible, soportando esa cara de castigo que dice que me quiere pero no soporta que exista y que esté, porque eso significa que ella también ha perdido y su amor le dio la razón.

Porque vida es alguien que te haga olvidar que estás triste, y que ojalá ese alguien fueses tú.

Si sólo son dos letras, la n con la o, cómo pueden dos armas acabar con todos los recuerdos, romperlos, enterrarlos y ahí te quedas? Cómo puede ser que el si no sea firme y el no gane todas las batallas que yo pierdo.

¿ Estás haciendo el idiota otra vez ? Pues claro, a pesar de, y con toda la lejanía que suman mis palabras. Me he cansado de que me rompan los papeles, saberme todo de memoria y los esquemas rotos siempre esperen y no sorprendan.

Qué raro fue oírle decir aquello y ver lo otro, qué raro que aún siga viva después de verme aquí otra vez. Nadie sabe por lo que estoy pasando, por favor pásame otra vez.

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