De aquello que no se puede hablar

Marta era de esas chicas que había estado siempre en la sombra haciendo sonreír a los demás. Tenía un aspecto desaliñado fruto de una madre obsesionada con el saber estar y una belleza a la que no le sacaba partido, para no destacar. Estuvo convencida durante mucho mucho mucho tiempo que el cuento lo ganaría Alícia por no ser princesa, ni malvada.

Era como aquella vez, cuando trabajando en un guardarropa se dio cuenta de que toda su vida había sido esa, guardar y conservar en perfecto estado las prendas ajenas y al entregarlas ninguna chica la miraba, ni para desearle suerte, y los chicos, todos la invitaban a saltarse las reglas y salir de allí.

Trabajaba durante horas escondida en un agujero viendo pasar a mujeres con trajes increíbles y tacones altos, a hombres asquerosos con sonrisa de Playboy estafados por su propio ego y rodeados ambos sexos de exceso de todo, menos de dolor.

Muchas de las servilletas que iba encontrando olvidadas acaban con frases escritas de su puño y letra. Su cabeza siempre parecía estar leyendo historias que la dejasen vacía de todo aquel vacío y sonreía al pensar que alguna vez a algún trabajador invisible como ella le podría alegrar la tarde leyendo “Estoy aquí contigo pero no me ves”.

Marta era como una isla a la que todos acudían cuando querían descansar o divertirse un rato, una de esas islas que sólo recibía turistas y barcos de Ida y vuelta. Siempre tenía un letrero en la mirada, casi como luces de Neón por si algún extraterrestre se decidía a hacer realidad toda esa poesía barata que le había amargado la vida, de tanto creer.

Tenía un marido que nunca la miraba como le miraban el resto de los hombres, quizás porque no la conocía, se decía así misma, advirtiendo desde bien pequeña, que sólo bastaba estar siempre disponible para ser la del pañuelo blanco que despide en un tren.

Había sido un completo fracaso su ascenso así misma, abandonó una carrera pensando que su mejor tarea en la vida sería cuidar de los demás, creyéndose que la necesitaban, iba a darlo todo para construir una generación que acabara con la suya, quería ser la matriarca de una novela de Luz Gabás, la recordarían por lo que luchaba por lo invisible de la vida y algún día lo contaría todo. Todo aquello de lo que nunca se podía hablar.

Era una risa en plena lluvia, divertida y cariñosa que sólo se reflejaba en un cristal para no darse por vencida. Rodeada de inútiles sin luz que se encendían con la suya.

Era capaz de todo con tal de sentirse viva, y eso, eso ahogaba a cualquier piedra.

Una vez se convenció así misma de que quizás era un fantasma, que por eso nadie se percataba de su presencia. Ni la esperaban, ni la buscaban ni la valoraban. Había diseñado su vida en un plan perfecto para que los demás se sintieran queridos y se había olvidado por completo de que los errores siempre ocurren por no saber decir NO a tiempo.

Le enseñaron el miedo, el castigo, la violencia, la indiferencia, la ausencia… nunca supo cómo decirle a las miles de personas que se cruzaban con ella durante el día que en realidad no tenía a nadie en la vida. Era como imposible. ¿Como se empieza ?

La habían subestimado tanto, la habían hecho creer que su presencia no era para tanto, que hasta después de escuchar un “necesito saber si te echo de menos” seguía pensando que la querían.

Reme, la del cuarto, se lo dijo una vez sentada a su lado en la cama: estás demasiado viva, Marta, será mejor que vueles sola si no quieres acabar convertida en una mujer de otro siglo.

Pero Marta insistía, hasta en las peores batallas han habido mujeres guerreras. Quería comerse el mundo y cuando se lo comía los hombres le decían que a donde iba con la boca tan llena. Dejó de intentarlo, un día cualquiera, de un mes entre los doce, cuando volvió a pasar desapercibida y se dio cuenta de que toda su vida había sido una auténtica súplica, un estoy aquí, quiéreme, un montón de palabras que nunca se habían ido de su alma y la habían convertido en esclava de una lucha, que nunca harían por ella.

Un día de esos que todo da vueltas hasta cobrar sentido y las piezas encajan, un día de esos en los que descubres el por qué y el para qué de todo. Un día de esos en los que Marta se juró así misma no tener mas paciencia, ni más sombras, ni más migas de pan ni más nada.

Un día de los miles que se imaginó en otro lugar, sin esperar a nadie, con los papeles intercambiados, cruzando cada día una playa, oliendo a mar, sintiéndose guapa, querida, amada, deseada, fuerte, capaz, útil, válida, risueña, firme y sin miedo a hablar, sin exámenes, sin condiciones, sin terrorismo, a que nadie la abandonara o la dejase de ver, simplemente porque ya no le importaba quien la viera, porque ya estaba ella con su vida, su niño de rizos rubios y el mar.

Un día de esos en los que dejó de apretar dientes de león para convertirse en el soplo, el deseo, el sueño y el ojalá.

Le había fallado otra vez a su nunca más, y lo haría cien mil veces con tal de tener una vida que contar. La suya. Cada vez más real y con menos mentiras. Cada vez con menos errores convertidos en gente y con más paz. Marta se había hartado de escribir en servilletas de papel, comprendiendo que no la leían, que la realidad estaba hecha para almas dormidas, y se salvó la vida en un silencio.

Como el que se salva la vida cerrando una puerta, con lo que nunca va a querer, detrás.

Marta no tenía un marcapasos, tenía una bengala y un verso de Jodorowsky:

“Te has convertido, por querer tanto verte, en un espejo vacío”

Escocia

La ventana estaba cerrada, el frío que veía por la ventana era el mismo que habitaba en mi, los huesos, la espalda, las manos, la boca… no iba a escribir sobre eso, no iba a ponerle poesía a todo eso, ya no.

Había leído tanto, había visto tantas películas sobre vidas nuevas, segundas y terceras oportunidades que se me había olvidado pararme a pensar que también hay herida, sobre todo si vas contigo y sobre todo si voy sin ti.

Me había propuesto hablar conmigo, sin dramas pero sin fuerzas, escuchando a mis ojos, doliendo retinas y bajando párpados lentamente una y otra vez. Qué suerte que se haya recuperado ya de mi.

Escocía, cómo puede dolerte tanto Escocia si no la has visitado ninguna vez.

Pero yo de eso ya sabía bastante, y qué demonios, estaba harta de herirme sola por doler y que no doliera si a mi me dolían.

Estaba furiosa por haber sido la compañía casi perfecta para no poder sentir nada. Le hubiese cuidado tanto si me hubiese hablado… ¿Estaba pagando su frustración conmigo por no soportarse ?

Todos quieren que sea menos profunda, me pregunto ¿de qué tienen miedo?

El miedo lo destruye todo. La ira lo contamina todo. El pasado y los traumas lo persiguen todo. Y luego está lo que tú te quieras y te entiendas, después de todo alucino con que mi corazón siga latiendo, ahi, el tío fuerte y valiente con su armadura y sus venas hinchadas de amar.

Siempre corriendo a ver si a mi piel se le echaba de menos, siempre frenando en seco al ver que detrás seguía el mismo vacío,

el mismo hueco,

que existe en todas partes

cuando yo no me merezco que tú no me quieras.

A lo mejor es que todos estamos intentando recuperarnos de algo que no le decimos a nadie. Pero qué bonito cuando alguien se da cuenta, y se queda.

Todo va según lo nunca visto

Más allá de la realidad hay un sueño imposible. Una cabeza que no puede apoyarse en ningún hombro sin previa queja constante.

Hay una necesidad mal escuchada y un silencio atroz en la cocina donde habita la nada y el ruido que me ahoga.

La injusticia, la falta de perdón, el excesivo entendimiento para los demás y la nulidad para mi persona, el respeto hacia mi alma a la que tengo que abrazar porque la llaman profunda mientras las piezas están en el suelo y no las rompí ni yo.

Nadie se hace cargo de la destrucción, cada uno a su bola pretendiendo que tú seas la bola que vaya detrás. A nadie le interesa mi paisaje pero tienen la osadía de decirme cómo debo verlo y entenderlo.

Un día perdí demasiado y me tuve que hacer cargo sola. Y realmente me he cansado de mejorar porque no sirve de nada. He ofrecido tanto mi hombro que ya está hundido, me he dicho cosas feas para que los demás se sientan mejor, me he hecho tan pequeña que ya hasta tengo miedo de mi grandeza.

Todo va según lo nunca visto.

Nadie te ayuda, es la completa soledad, ni en tus monstruos, ni en tus problemas, ni en tus cafés donde te preguntas qué estoy haciendo con mi vida, el block en el cerebro, la lágrima que aprieta, el silencio para no molestar y otra vez a preguntarme qué hago mal.

Soy experta en acostumbrar a los demás a estar siempre, a tragarme que me puedan tratar como quieran. Cada vez que me ilusiono tengo que apagar el fuego, cada vez que vienen las ganas, las tengo que matar.

Y así, en cada violencia al alma pasan mis días donde lo único que veo lo veo sola. No es ausencia física, es otra cosa. Es como estar continuamente en un abismo mientras nadie te ve, pedir perdón por estarlo y con miedo a que alguien caiga mientras mi pie se desliza sin querer.

Todo va según lo nunca visto.

Ya es insoportable una frustración más.

Y me he ido equivocando en cada paso que he dado en la vida. Creo que buscando lo que nunca había tenido. No lo sé, no me gusta mirar hacia atrás pero es que hacia delante realmente tampoco hay tanto.

Entre lo que quiero ser y lo que soy yo estoy en medio. Nada es tan malo por fuera si me convierto en un bloque de hielo, una piedra o un gato de esos chinos que sonríen y mueven la mano diciendo si todo el rato.

Ya soy un despojo humano, miro mis fotos y me lloro, preguntándome si alguien me mató o fui yo la asesina. Quizás pueda comprarme otra autoestima, es obligatoria llevar siempre la tuya puesta?

Todo va según lo nunca visto.

A veces dan ganas de hacerse la muerta. Y mirar por un agujero a ver quién llora.

Nadie quiere preguntarse nada, nadie quiere ser responsable y yo no quiero compadecerme y nadar en la mediocridad. Pero tampoco quiero seguir estando, porque cada vez que estoy, alguien se queja de la excesiva calor que hay en mi piel. Jamás nadie me ha buscado como yo soy capaz de buscar. Y lo de aceptar me funciona lento.

No soy capaz de golpear la mesa, lo de ser especial lo he tirado a la basura, lo de ser prioridad lo he enterrado conmigo, y lo que necesito lo he soplado para arriba, a ver si les llega.

Me recojo las piezas, dejando marcas en el asfalto, aún sabiendo que no será nunca un camino, ni de Ida ni de vuelta.

Todo va según lo nunca visto.

Un reloj parado en la misma hora,

un café con el sabor de siempre,

unas líneas en las palmas de las manos

en un idioma que no entiendo.

No cabe más ira en cada golpe de remo.

A estas horas el hastío está vacío, el silencio aprieta la garganta y deja marcas.

Odio este lugar así, me recuerda tanto al dolor que no podría estar mirando sin más. Escribo. Escribo para no estar dentro y no estar aquí. Lo he llamado Nápoles para poder estar.

Conmigo, es un lugar aterrador, físicamente a mi lado puede ser un lugar agradable como mera compañía, como un animal, pero con las voces del alma apagadas, no vaya ser que alguien se despierte.

Molestar, sobrar y decirme vuelve a intentarlo. Es lo único que se me da bien.

Pero un día enmudeces, pides auxilio en tu silencio, te agarras el corazón de amar tanto para nada y te preguntas tantas cosas que no puedes caminar.

No sé si es mi cabeza quien imaginó todo lo que necesitaba y en realidad había lo que hay hoy. ¿ qué más da? A lo mejor no he hecho nada y sólo están pagando conmigo la frustración de no soportarse. ¿Para qué quiero explicaciones que me hagan daño si todo va a seguir igual?

Todo va según lo nunca visto.

¿Y luego? ¿Que vendrá luego ?

Acostumbrarse a una realidad que ya no aprieta tanto, que no deja apenas marca en la cintura ni en las costillas y dejar suavemente pasar la respiración, desde el pulmón hasta la boca sin ningún cortocircuito por el camino, sin nadie en medio.

Por una vez, el aire entra y sale sin ni siquiera pensar que estás respirando.

Todo va según lo nunca visto.

Desde el balcón. Desde la misma luna y el mismo sol. Hemos dejado marchar la felicidad sin agarrarnos fuerte a algo, sin mirar a los lados y sin pensar.

Como si fuésemos la cerveza perfecta.

Me cuesta aceptar que el vaso acabará con un poso y marcas de espuma desierta, con rastros de todo lo bebido.

No hay quien se salve de las marcas, de todo lo vivido.

Pero de no haber existido la capacidad de sentir, nos habríamos perdido la literatura entera, nos habríamos quedado sin el alma de los valientes, que apostaron por no tener vergüenza, y entendieron que habían más guerras.

Nadie se merece ser tan Nadie después de ser alguien.

Pero ya que estamos, que busquen refugio que voy a salir a la vida.

Puta

Que si, que nunca consigo nada.

No acabé mi carrera universitaria, no soy de las que triunfan en las oposiciones, todo es para nada, no me fue bien en el Amor porque se quedó a medias, terminado finiquitado olvidado podrido, pero a medias. Pensamos que lo damos todo, pero y una mierda. Andan los cobardes con escudos valientes. A mi no me han dicho espérate sentada, a mi me han quitado la silla.

No soy una Santa, cocino para cincuenta aunque no vengan, tengo manía con las toallas mal puestas, grito cuando callo demasiado, hablo cuando necesito, pero siempre hablo tarde, escribo como el culo y por eso nadie aún se ha fijado en mi.

Nunca he tenido un trabajo tan estable como para tener paz, nunca han tenido conmigo una verdad completa, nunca me han dicho hazte ilusiones, siempre todo lo contrario, tranquila, relaja.

Nunca he corrido una maratón porque me asfixio y me parece una chorrada, si la hiciera en el cartel que me pondría en la frente se escribiría número Nadie.

Nunca tengo ganas de hacer cosas porque tengo ganas de hacerlas todas. Nunca me han dicho un para siempre real. Nunca me he bañado realmente tranquila, las madres sabrán por qué lo digo. Nunca escucho música con auriculares porque mi cabeza me explotaría como en las ferias. Nunca hablo de mi en defensa propia. Nunca he hecho deportes de lucha, ni he estado en una guerra.

Que si, que no soy una Santa. Me da miedo llegar al final por si al final me abandonan.

No termino nunca de hacer grandes amigos, las cervezas me las dejo a la mitad, si me da por llorar lo llaman drama, me gustaría verles en mi cabeza, me fumo un paquete entero de tabaco al día y ojalá me bebiera 10 botellas. Me gustaría olvidar a la princesa que quise hacer de mi para él y convertirme en una borracha despreciable. Caminando por las calles pidiendo limosnas de amor y paz.

Nunca tengo suficiente con el sexo que me gusta, nunca dejo terminar una conversación porque cuando no hay abrazos las conversaciones me parecen una mierda. No sé lo que es comprar para mi sin sentirme culpable, y me encanta comprar a los demás pensando en sus caras. No soy una Santa, y la cago hasta en eso. No compré un colchón, puta.

Odio que me toquen el codo. No soporto estar entre mucha gente, me gusta ser Nadie en un mundo lleno de importancias. Me flipa ir despeinada y con cualquier cosa que me siente bien, siempre dispuesta a que me sople la vida las sandeces que va diciendo por ahí.

No tengo al hombre que me ardía en todos los sentidos, ni tengo pared, techo y suelo donde poderme correr a gusto. Puta. Qué haces no alquilándote un piso. Ahora me da miedo suicidarme, y sigo haciendo lo que me dicen, quédate, saldrá un trabajo, pateate roma entera, ahorra y cómprate un piso. Ya he perdido la cuenta de la de veces que digo si, para que nadie se enfade.

No soy dueña de mi misma, aunque todos me ven fuerte, no tienen ni puta idea de lo vulnerable que soy. Bueno cuando me ven triste se enfadan . Puta. Nadie ha sido capaz de conocerme tanto como para quedarse. Quita quita. Nadie.

Cuando hablo de lo puta que soy me llaman víctima, y cuando soy una Santa resulta que no les gustan mis tatuajes. Que si, que si.

Me gusta la música y la naturaleza pero cuando veo algo tierno de mi me lo quemo, para que no me duela. Todo es tan efímero que da asco. Mucho asco y maldad.

A mi me gustaría ser mala de verdad cuando me llaman mala. De la condescendencia me sale ira y de la rabia hacia mi un llanto interno que no controlo. ¿ por qué no me quieres?

Puta, porque todo el mundo me dice que esto pasará y pasa todos los días. ¿Queréis dejar de minimizar lo que siento y ningunearme el alma?

Lo peor de ser puta es que te quieran olvidar.

Lo peor de ser santa que estén mejor sin ti.

Y lo único admisible que puede haber en esta vida es que sigas existiendo, poniendo buena cara y diciendo si a todo, cómo robots que arrancan corazones para dárselos a las putas.

ella

Élla lloraba cada noche abrazada a los recuerdos.

Él se masturbaba a kilómetros de distancia con un ordenador que le regalo una amiga de ella. O quizás no fuese un ordenador si no otra ella a la que llamaría ELLA hasta el día que dejara de llamarla.

Ella ,de apellido en minúsculas, se debatía entre cabezadas y siempre conseguía estar despierta antes del amanecer. Se hacía café, ignoraba el espejo del baño seguía adelante torcía un poco el sofá y ahí estaba el rincón que se había construido para ver el sol salir entre los tejados. Es como Nápoles de ferrante se decía, y se tomaba el café con 10 cigarros. Luego poco más había que hacer salvo papeles, recados, cuidar del niño, atarse el nudo ante el conflicto bélico doméstico y pasear mucho por si acaso algún día diese con algún lugar.

La noche le aliviaba un poco. Quedaba poco para tocarse y dormir para siempre. Eso se decía, hoy si, hoy dormiré para siempre. Pero luego estaba el mismo amanecer y la misma sensación de rabia de estar viva. La depresión son muchas más cosas que lágrimas y el balcón lo sabe, es un tercero, menudo chasco.

Un día decidió quedarse en el pozo, avisó que volvería cuando pudiera subir y un colega aterrizó allí sin apenas caber los pies. Se sentaron de rodillas y pasaron las horas hablando de penas, glorias pasadas y sus ideas sobre la enfermedad del ego en el mundo. Se quedó dormida, él también , y al despertar la vio arriba, pensó que ya estaba saliendo y sonrió, pero después de mucho forzar la vista vio que sólo se había sentado en un escalón a leer y ver unas de sus mejores fotografías y unas letras que le caían mejor a ella

-¿Qué es esto?

-Lo que me queda de autoestima. Me lo han quitado todo pero esto nadie puede hacerlo, mis letras y mi cabeza. Puedo quedarme sin nada pero ellas siempre están conmigo. ¿Sabes? Ayer mientras dormías me tomé 17 pastillas

-¿Estás loca ?

-Eso me decían antes, que lo estaba, pero nunca me he sentido más cuerda como ahora, estoy acostumbrada a que me digan que me creo una diosa y nunca llego a nada, y tienen razón. Todos me miran pero no saben que soy mucho más y les doy miedo. Además para qué si todo acaba siempre,

-Amar es eso, amar y despedirse. Cuando es para siempre cualquier cosa se rompe, porque deja de ser vista, se da por hecho y deja de ser para siempre.

Ella le miró y ya no era un colega, era un niño con un gorro y un zorro pequeño al lado meneando la colita. Los dos sonriéndo como sabiendo que asi a trozos terminaría cayéndose del escalón y volvería al pozo.

Se agarró por no darles el gusto, ganas no le faltaban, pero ella se negaba a esa conclusión absurda sobre el amor, amor y despedirse, quien querría eso? Están locos.

-Quiero estar sola.

– ¿por qué, porque no te ha gustado lo que te he dicho? Porque te arde el corazón de sentir que es verdad y tú no puedes ?

-quiero estar sola

-¿Para estar en este pozo hasta que él te salve? Y te diga que eres lo más bonito que le ha pasado en la vida y no puede vivir sin ti?

-QUIERO ESTAR SOLAA

Mientras los demás hablaban de ella como la cansina, la loca, la perdedora, la fracasada, la bonita, la te mereces lo mejor, la eres fuerte, la valiente, mientras todos esos seguían como segundos de reloj sin parar y sin callarse, ella quería parar.

Se fueron, no escalando, no volando, sino se fueron sin más. Como todos los que se iban en su vida, no le pareció nada extraño la verdad. Si, quería estar sola y llorar, no como una niña que no pudo llorar, no como una adolescente que no podía dejar de cuidar, no como madre, que también sino como mujer, necesitaba llorarse así misma. No a nadie, a ella.

A ella le daba igual que no le quisiera, ya estaba acostumbrada a eso, era otro tipo de cosa lo que hacía que le dolíera el pecho, era lo único que no sabía verbalizar, era como la Sirenita cuando Úrsula le quita su capacidad de cantar.

¿Cuantas canciones tengo ?

Él seguía su ritmo, el de no gracias, olvídame, sigue tu camino, no nos encontraremos, no hay vías del tren, nunca había estado tan seguro del si como lo estaba del no.

Ella guardaba la luna en una maleta junto con un vestido para sacarla cada noche y al menos sentir que algo estaban mirando juntos. El cielo no le cabía, y además el cielo era de él.

Se oían voces fuera, que saliera del agujero decían algunos, ya basta, otros, nadie se muere por nadie, quédate lo que necesites, seguiré estando aquí arriba, etc etc la cuestión es que ella no necesitaba esos palcos, no quería esa guerra, ni subir sonreír y decir ya está! Sigamos con la vida. Porque si, por supuesto que la vida seguía, pero era una que no comprendía, todo a su alrededor era extraño, como si hubiese llegado a otro planeta y tuviera que investigar nuevos olores, nuevas formas, nuevas voces. Quería su pozo, lo reconocía, se tenía así misma sin miedo.

Pero ni dentro ni fuera había un solo día que no derramara una lágrima, o dos ojos idos o tres gritos mudos. ¿ por qué no se podía dormir para siempre? ¿ por qué le obligan a seguir como si no pasase nada? Cuando a ella en ese vacío le está pasando de todo. Por no hacer daño a los demás sigue aquí pero eso implica olvidarse de si misma.

No le gusta la risa, le gustaba, le apasionaba, pero ya no salía del estómago, era una risa desde la garganta como mucho, y lo intentaba, vaya si lo intentaba sobre todo con su pequeñín al que no podía contarle nada y sin embargo el que más pena le daba. Porque… y si falto yo? Qué será de su alma, le destrozaría. Y por eso nunca llegó a la penúltima dosis. Por él. Quizás le compre un zorro y un sombrero.

Le decían que no pensara en él, faltaba a las promesas de los días que contaba sin escribirle, no decía nada, si si a todo pero su latido aún hacía ruido en silencio. Aún era fuerte para equivocarse una y otra vez. Menuda coraza tienes amigo.

Cada palabra de él era una aguja en su piel, con la que debía estar haciéndose budu así misma, o acupuntura, váyanse ustedes a saber. A ratos se decía ya está y cuando asomaba la cabeza a la realidad un vértigo le paralizaba las piernas, andando automáticamente.

Se ponía la mejor ropa interior que le quedaba, se veía guapa, se tocaba, se lloraba, ¿ por qué? Su lamento era no entender nada.

-Entenderlo no hará que vuelva.

Ya estaba aquí el colega que cada vez me caía mejorpeor.

-Ya me lo ha dicho él, no va a venir, no va a volver, no quiere nada, no me lo repitas más, no te he dicho que quiero estar sola?

-Te he traído un libro, quizás te ayude.

Lo ojeó inevitablemente, lo olió, lo abrazó y se lo devolvió.

-Gracias, aquí está un poco oscuro para leer, en realidad necesito hablar conmigo, sacar mis pensamientos, ordenarlo todo, no distraerme. Eso solo hará que lo deje todo pasar y vuelva cuando menos lo espere. Quiero acabar con esto, quiero acabar conmigo, con la que hay dentro de mi.

-¿Por qué?

-Mi sensibilidad es como una bufanda en verano y una soga en invierno. Mi corazón una máquina de romper y matar. Mis manos unas piezas heridas que siempre echan de menos y necesitan tocar, mis pechos caen a recoger las piezas, mis brazos ya no alcanzan, mis piernas no corren y la piel y la mirada ya no brillan. Quiero acabar con todo lo que me define, con todos mis detalles, con todas las ideas sobre lo horrible que soy si no me quieren, con el dolor de pecho de que no esté, quiero limpiar todas las manchas de quererle, me gustaría ser otra para que no me doliese nada, ser fría, calculadora, sin conciencia, sin culpa, sin querer a nadie, sin pensar si hago daño, necesito sacarme de mi.

Un silencio se hizo en el pozo. De esos largos que dan tanto frío, que respetas como el de un funeral, quizás lo estaba siendo, sin darnos cuenta. Algo había muerto.

-Necesitas un abrazo de esos que no se piden.

-No! Y cállate ya ! necesito estar en sus brazos, necesito su abrazo para saber si estoy viva. No lo entiendes? Él tiene la brújula, yo las baldosas amarillas, el la pintura negra, el tiene el fuego para mi hielo. Quiero que me dejes sola, por favor. No lo entiendes, esto no es por él, esto es por mi sin él. Y no puedo hacerlo con nadie. No voy a abandonarme a otros para abandonarle, no voy a dar su espacio a nadie, quiero hacerme un remolino, un bicho bola, y llorar lo que tenga que llorar, que me llame el mundo lo que quiera.

-Grita en la montaña.

-Tendría que subir, volver a ver a todos los que me esperan ahí arriba con la sonrisa de ¿ya te has curado? ¿Ya está? ¡Sigamos!

-Grita aquí

-Se asustarían. Se asomarían y dirán que me he vuelto loca.

-Pues deja de importarte que te llamen loca, imagina que lo eres, ¿qué cambia? ¿qué él ha dejado a una loca? ¿Qué todos tenían razón ?¿ Tan importante es esa etiqueta?

Ella abrió la boca, casi tanto como cuando hacía el amor con él y se ahogaba de placer, primero un breve grito, luego otro más fuerte, y empezó a llorar y a llorar y a gritar y a gritar…

No se supo cuándo dejó de hacerlo, quizás nunca lo sabremos, ella dejó de existir y el zorro empezó a escribir su historia.

Mentiras

Me está dando el viento en la cara, de repente para y luego vuelve, y cuando lo hace es una sensación maravillosa. Como si me limpiase por dentro, como si me acariciara, todo está bien tranquila, y se vuelve a marchar y vuelve.

A veces no vuelve pero cierro los ojos y está ahí, mi piel fría y el pelo revuelto. Es curioso como en las situaciones más difíciles de tu vida aún nos queda capacidad para sentir momentos maravillosos.

Esta mañana no he llorado, por ninguna de las rayas de las cebras. He aceptado, no sé si mañana, que lo que llaman locura en mi puede ser un acierto del mañana, una cualidad que puede necesitar alguien, en quien confiar y a quien entregarle mis taras.

La luz nos la ponemos y nos la quitamos como abrigos en verano, que no mientan, nadie tiene luz todo el año. En redes si, ahí puedes ser todo lo que no eres y se lo creen, los muy inmundos.

Las cebras han despertado conmigo y sus mentiras, una a una las hemos ido limpiando, entre caricias y miradas, como si juntas fuésemos canción. Un silencio que grita y se apacigua al mismo tiempo. Ellas también quieren saber quiénes son.

Me gustaría sentarme a leerles un libro que les cale, darles la oportunidad de sentir la vida, pequeñita y corta.

Una me mira, porque todavía tiene todas las mentiras dentro, aún no he ido a por ella, pero su mirada me dice que lo necesita más. Y más rápido. Como una fuerza de desesperación, como un último aliento para no irse con ellas.

Acepto, a miradas que me necesitan nunca fallo, y una por una se van, entre mis dedos, sanándola, puedo notar como su respiración está más acorde con la música que con el camión de la basura. Mi pobre, ¿cuánto tiempo has estado sintiéndote así ?

Les enseño a poner la cabeza bien alta, – mira ¿ves? ahí hay montañas no suelo, pájaros, nubes… – y mientras lo digo me recuerdo que mi cabeza sigue a medias.

Hay mentiras descuidadas, otras que se apiadan, otras que te rompen, otras que persisten en el tiempo calladas, mentiras que te etiquetan el corazón como si estuviese en venta. Mentiras perdonadas, otras imposible de olvidar. Mentiras que dicen que no son mentiras pero tú tienes rayas en blanco y negro que te hacen dudar, no dormir, no respirar. Mentiras que te aprietan los dientes, que te hacen mirarte al espejo sintiéndote un desecho, esas preguntas que hacen las mentiras… esos vacíos que dejan y sobre todo ese miedo a vivir llena de rayas que nadie puede quitarte aunque avances con ellas.

De este cielo me llevo que no hay formas iguales, ni demasiadas vidas como nubes para poder borrar y volver a empezar, sólo transformarnos el tiempo que nos quede, asumiendo la tormenta.

Y ahora no hay nubes, y me gusta cuando el cielo está así, un lienzo gigante donde dibujar sin salirme de la raya y un pergamino gigante donde poder escribir en un solo color, todas las respuestas que me piden las mentiras a gritos.

Con lo que pierdo otros se hacen fortalezas.

Perdóname por llorarte y oler a tierra mojada, por no entender este camino impuesto donde no hay baldosas amarillas ni zapatos rojos.

Perdóname por llevarte en las risas que te pierdes

Perdóname por saberte invencible de mi y no quedarte con ni una de mis costuras. Perdóname por no haber sido más fuerte y más digna.

Diles que te den pero que no te quiten nada de lo que te di, es ruego.

Perdóname por haberte querido conocer y haberte metido aquí dentro.

Perdóname por alejarte aún más con lo que siento, hasta hacerme sentir una loca. Se trataba de eso, de acabar llamándome loca. Y me da igual quién tenga razón.

Porque nunca hablo de razón sino de razones. Mi estúpida cabeza, como si la vida no fuese en serio y sólo quisieras ahora la excitación de lo desconocido. Me pregunto por qué a los hombres os llama tanto eso. En mi, mujer, repercute en la autoestima, que se ha montado a caballo y ha salido corriendo.

Perdóname por no perdonarme. Y que todas las palabras y actos dolientes me los acabé comiendo con tanta naturalidad, como si me hubiesen enseñado siempre que tratarme mal era la única forma de tratarme. Normalizar y sentirme menos que nadie.

Porque aún recuerdo todas tus palabras bonitas que me creí , pensando ser única, y las malas si han sido demostradas.

Perdóname por no ver las perseidas, me da miedo que ahora prefieras verlas con otra. Y estoy intentando no acercarme a nada que me recuerde que una vez volé contigo.

Por eso me cuesta salir de la habitación, porque quererte lo ha manchado todo. Y ojalá los que entienden una depresión suban los primeros a la nave.

Nunca debiste conocerme, tienes razón.

Qué coñazo el allá fuera sin ti, pero de eso también tengo la culpa. Te dije no cambies nunca, y cambiaste y me olvidaste.

Y ahora, perdóname, tu fortaleza tiene mucho que ver con mi quebranto.

Jamás, nunca y siempre, se han helado en el congelador. Espero que también un día se rompa y el deshielo me pille viva sintiendo nada.

Perdóname, sigo cuidando flores, leyendo y preguntándole al cielo muchas cosas. Tu guerra me ha pillado siendo un soldado cansado.

Perdóname toda esta tristeza, nunca he sabido quererte a medias. Y creo que hace tiempo que en tus ojos había menos de mi y más de todo.

Ojalá quieras que te quieran como te he querido, lo contrario aún me haría sentir más pena, más desechable, menos entera.

Perdóname por llevarte al infierno, cuando sólo pretendía ser un ángel. Diles que soy el lobo, el dragón y maléfica. Que te cuiden, que se preocupen de cómo estás, que te ayuden a sacar lo de dentro sin miedo.

Yo seguiré pidiendo perdón por estar viva, hasta que te me pases. El corazón no puede evitar lo que siente, ni lo que tiene.

Granada fue vista y activada

Ojalá haber sido más importante que cualquier mal recuerdo.

Ojalá haber sabido menos de mi y haberlo sabido hacer mejor sin herramientas.

Ojalá no golpeara tan fuerte una imagen provocada por la amenaza constante de una autoestima destruida.

El miedo a unas caricias que no son mias, el atroz sentimiento de pérdida, el haber imaginado tanto unas perdices que avanzarían con fuerza como una legión de girasoles al sol.

Ojalá no haberme caído dentro de aquel pozo preguntándome tantas cosas. Ojalá hubiera tenido lo que mi alma lloraba, un abrazo. Como este que me da la luna por la espalda, mientras echo de menos no verla.

Ojalá poder destruir la sensibilidad que me habita, y quedarme en cada sonrisa que se inventa.

Ojalá haber visto antes ese desamor que me lanzaban al aire. Granada no se dio cuenta.

Soy lo que siento, no estoy perdida, estoy buscando la cantidad de autoestima que perdí en el camino, y cada vez estoy mejor, aunque me cuesta ver estrellas. Llegaré la última a la meta, pero me aplaudiré por haber ido tan lenta.

La vida es demasiado corta para que el tiempo todo lo cure. ¿Y ese miedo a la autocrítica? ¿A qué se aferran? ¿ le vino grande el amor ? Se equivocan, vulnerable e invencible van de la mano, y está mal visto no verse y darse cuenta. Como el corazón que arde todavía en esa música pero se da treguas en mitad de la canción.

¿Cuánto vale cada página que pasa con sus dedos?

Porque no debería doler tanto que no te quieran. No debería doler tanto una decepción. No debería doler tanto que se haya aburrido y prefiera otras. No debería doler tanto ser olvidada. No debería doler tanto la nada, el vacío y la indiferencia. No debería doler tanto sentir adiós.

Ojalá hubiese sido reciproco y verdad, porque a la verdad nadie la mata.

Ojalá deje de hacerme heridas tropezándome con las piezas.

Aún así… aún con todo…

Se iluminan los tejados cuando parece que el sol se acaba.

La vida sin mi

No sé dónde está el cielo abierto, ni el agujero donde dejarme caer.

Hay una calle que lleva mi nombre pero a ningún lugar, tiene un silencio atroz con voces que molestan diciéndome que molesto, voy recogiendo la suciedad a mi paso, llenando bolsas sin poderme yo también tirar.

Un buzón en la esquina, donde se corta la calle, para que no lleguen mis palabras a nadie, un buzón donde tiro lo que escribo como quien tira una botella al mar.

Una tienda cerrada, con un escaparate que no es para mi, unas casas vacías como mi estómago, un coche en llamas llamándome a gritos a mis espaldas, con te quieros en el mechero.

Un niño pidiendo limosna que me mira sonriendo, una agencia de viajes que anuncia los mejores paisajes sin mi, una lata de cerveza persiguiéndome a patadas y un aire que ni los pulmones dejan entrar.

Y entonces la veo, a lo lejos, esa sensación, la de que todo es mejor sin mi, ahí la tienes, mirándome, escondida, como siempre, una sombra, ni siquiera sé si soy yo o la pusieron para mi nada más nacer.

Me agota su sonrisa, despacio, brillante, me hiere como me mira con asco, como resopla, como me dice ven.

Una ambulancia pasa volando a mi lado, me despeina, me deja los pies empapados de burbujas de barro.

Miro a mi alrededor, con miedo a romper algo si me muevo, porque no sé si todo está roto, si los que estaban rotos me rompieron a mi o si todo eso lo he roto yo, como siempre han dicho.

Estoy agotada, me duelen hasta las venas y las pestañas, estoy molestando hasta a los trozos… y necesito descansar.

Quiero sentarme y el único asiento libre es un hueco al lado de la sensación que me hace señas, no se ha movido de lugar,

le doy la razón, le sonrío llorando y me dejo llevar,

es la única que nunca me ha abandonado

y yo nunca abandono a quien siempre está.